El bochorno se robó la Promoción

Luego del séptimo gol de Lamadrid, que vencía 7 a 5 a Hebraica, a falta de 41 segundos y a sólo un tanto de evitar el descenso, los árbitros suspendieron el partido por falta de garantías en una noche caótica.

Patricio Knaudt
La revancha entre Lamadrid y Hebraica fue una postal de la desorganización del Futsal argentino. La mala disposición del público en las tribunas fue el primero de una sucesión de errores que ocasionaron una innumerable cantidad de interrupciones hasta que el intento arbitral dijo basta cuando Lama había anotado el séptimo y nuevos incidentes volvieron a tomar protagonismo por sobre un partido tan emotivo como polémico.

Tan sólo habían transcurrido tres minutos y medio cuando la primera detención del juego ocurrió en la cancha de 17 de Agosto. Apenas se habían dado un par de acciones ofensivas por lado, cuando un roce entre Joel Busti y Ariel Birencwaig desencadenó el primer escándalo. El duelo entre el habilidoso zurdo de los de Villa Devoto y la férrea marca del ex Ferro llevó a un choque dentro del área al momento que SHA disponía de un lateral en ataque.

 

Enseguida, se dio un tumulto en el cual Peralta le aplicó un cabezazo a Birencwaig y vio la roja inmediatamente. Allí se sucedió la primera invasión de campo. En tanto, el defensor de la colectividad visiblemente nervioso tras la agresión reclamó al principal Fabio Paté, que juzgó expulsarlo.

Tras unos diez minutos de demora, el juego se reinició y Hebraica comenzó a sacar las primeras diferencias. Gusis escaló por la banda derecha y encontró en el segundo palo a Gabriel Edelstein para el 1 a 0. Al toque, el uno "carcelero" Piccina se adelantó y remató de media distancia a la valla defendida por Arruguete. El arquero de Hebraica contuvo el balón y con agilidad sacó de volea para que la pelota atravesara todo el campo de juego convirtiéndose en el 2 a 0. Allí una bomba de estruendo estalló cerca de uno de los accesos al gimnasio y se detuvo otra vez el partido.

Era el momento de la visita y casi enseguida en medio de la confusión de Lamadrid, Gabriel Edelstein aprovechó una salida rápida y estampó el tercero. Pocos segundos después cedió parte de la iluminación del estadio y sobrevino luego un apagón total, que produjo la segunda interrupción.

En la reanudación, la desesperación local se cobró una nueva tarjeta roja en su elenco cuando Bagnato recibió la segunda amonestación. Estaba todo para Hebraica, que sacaba un global de 6 a 0, tenía un hombre de más, pero recién promediaba el primer tiempo.

Con coraje y empuje, Barrera clavó un zapatazo y puso el descuento, que le dio aire a Lamadrid. En un instante, Busti metió un remate imparable a la salida del córner y achicó más la diferencia. La reacción se completó inmediatamente con el empate luego que Sánchez tocara por el segundo palo en una jugada de pelota parada.

Con el 3-3 el encuentro se armó más que nunca y Hebraica comenzó a caminar por la cornisa, cargándose de faltas, algunas muy discutidas por el lado visitante. Así arribó la sexta infracción, pero Barrera desvió su remate desde los diez metros.

La avanzada de Lamadrid asumía los riesgos de dejar espacios libres para el contraataque rival, pero una torpe mano de Gabriel Edelstein se transformó en una nueva falta que esta vez Joel Busti canjeó por gol con un tiro rasante. Esa avalancha del "Carcelero" generaría al instante una nueva oportunidad en el doble penal, tras un agarrón. Pero esta vez Arruguete le ganó la pulseada a Busti.

Con la remontada de Lama para ponerse 4-3 parecía que se acababa el período inicial. Sin embargo, la velocidad y la habilidad de Matías Edelstein concluyó con una fabulosa jugada individual del juvenil internacional para colocar el 4-4 con 39 segundos de resto.
 

El complemento tuvo a un Hebraica que arrancó metido en el partido y a los tres minutos, Gabriel Edelstein ganó la línea y sacó un remate cruzado que volvió a adelantar a los de la colectividad. A partir de entonces, el trámite se caracterizó por el cerrojo defensivo propuesto por el equipo de Diego Clacheo, y la atropellada de Lamadrid buscando la hazaña.

El "Carcelero" consiguió algo de oxígeno cuando Quintero concluyó en la igualdad entrando a espaldas de la defensa tras una maniobra colectiva iniciada por Calleja y Busti. El reloj sería el mejor aliado de la visita que aguantaba el envión local con sendas intervenciones de su arquero y no podía liquidarlo de contra.

Bongiorno ingresaría en la valla de Lama y se pararía prácticamente como un hombre más de campo. Se consumían los minutos y a falta de 5:30 ocurriría una de las jugadas polémicas de la noche cuando el asistente Germanotta entendió falta dentro del área una entrada de Arruguete con los pies hacia adelante sobre el espigado Quintero. Barrera fusilaría al uno de SHA y creía en el milagro.

A la emoción de un partido de ida y vuelta, la tensión en las tribunas le iría quitando protagonismo al espectáculo. El accidentado primer tiempo poco tendría que envidiarle a una segunda etapa en la cual el público lo vivía fervorosamente pegado a la línea lateral con algunos particulares entrando y saliendo del campo ante cada gol, falta o decisión de los árbitros.

Hebraica solicitó tiempo muerto cuando restaba un minuto y medio, y en ese momento el cronómetro siguió corriendo. El escándalo estalló cuando desde la tribuna de Lamadrid voló una ojota direccionada hacia la ubicación del juez Mariano De Filippi, a cargo del tiempo. Sería el preludio de la suspensión.

Tras la corrección del tablero, exactamente quedaba 1:25. Lama fue con todo y tras una sucesión de rebotes, Calleja sacaría un disparo que se desvió en el camino y descolocó a Arruguetae. Era el 7-5 favorable al local, cuando quedaban 41 segundos.

Hebraica se aprestaba a sacar del medio cuando en medio de los festejos de los hinchas del club de Devoto voló una botella plástica al campo de juego. Los árbitros entendieron que el clima había alcanzado un pico insostenible para continuar. Lo que semejaba una breve interrupción en que los diálogos entre el quinteto arbitral, la policía, jugadores, bancos y público se iban a acumulando, se estiró a una suspensión definitiva tras unos veinte minutos de incertidumbre.

Con los ánimos más calmados, lágrimas en algunos jugadores de Lamadrid y una tenue alegría en los parciales de Hebraica, la multitud que copó el gimnasio de Villa Pueyrredón se fue retirando ante la incredulidad, la sensación de vergüenza y la bronca por un episodio más de violencia que se agregó a un año muy complicado en cuestión de seguridad.

El Tribunal tendrá la palabra ahora y probablemente el receso de verano prolongue la decisión sobre la resolución del partido hasta el año próximo, en que quedará confirmado si el partido prosigue o Hebraica se transforma en el cuarto ascendido de la temporada a Primera División. 

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